Cristal y vino, la alianza perfecta

El vidrio nació en la noche de los tiempos. Fue introducido en la vida del hombre (y la mujer) y difundido por los fenicios y los egipcios. Desde la época de la XVIII dinastía (siglos XVI y XV a.C.) los egipcios modelaron originales objetos  colando la materia vitrea fundida alrededor de un molde friable y fácilmente destructible.

Con la decadencia de Roma, decae también en Occidente el arte del vidrio que, reducido a una producción de objetos estrictamente de uso, abandona toda veleidad de arte y calidad. Posteriormente es arrollada por el obscurantismo barbárico.

Los vasos de vidrio causaron la crisis y después la desaparición de los productos de cerámica refinada, mientras prosigue la fabricación de cerámica para usos corrientes.

Concavidad perfecta

Con el triunfo del vidrio en la utilización de la ceremonia de beber, el hombre comenzó un proceso de perfeccionamiento que dio como resultado la invención de distintos recipientes aptos para algunos tipos específicos de bebidas.

Por ello es que la copa, inventada en su forma por el genio alemán Claus Josef Riedel, debe poseer : un cáliz, también conocido como cuerpo, que en su borde superior debe ser más angosto que el ecuador o panza con el fin de que se concentren los aromas, una base, obviamente para que la copa pueda pararse por sí sola y desde allí el degustador la pueda agitar circularmente y un pie, que permita sostener en el aire la copa sin el riesgo de que las manos se interpongan entre el contenido vinario y la vista, a la hora del análisis sensorial.

 

Actualmente, el mercado ofrece un vasto número de modelos que, en mayor o en menor medida, ofrecen las diferencias propias con las cuales los fabricantes distinguen su producto de la competencia. De todas formas, las copas se adecuan, por tamaño y forma, a cada tipo de vino.

Las grandes y corpulentas son ideales para los vinos tintos o rojos y las medianas para los blancos. Las más pequeñas usualmente son utilizadas para enfatizar las características frutales de otras bebidas alcohólicas.

Para el caso de los espumantes existen dos variantes contrapuestas en su forma : por una parte se observan las que simulan la forma del seno de una mujer, muy utilizada en festejos como casamientos, aunque poco prácticas para el ejercicio del análisis sensorial y por otra las aflautadas, que son las utilizadas tanto por aficionados como especialistas en el arte de la degustación.

En el caso de los vinos tranquilos (no los espumantes que permiten la reducción o formación de espuma por la presión ejercida por el anhídrido carbónico natural), si bien existen variantes como las mencionadas, los especialistas han logrado normalizar el uso de una única forma de copa, ya mundialmente institucionalizada para concursos y grupos de cata.

Antonio Mas Carlos Catania

Algunos expertos la han definido como “la de cuerpo escultural tipo delfín”: es la conocida copa tipo tulipa. Es de tamaño medio e ideal para acompañar todos los movimientos exigidos por los degustadores entrenados. Posee una altura total de 155 milímetros, de los cuales 100 milímetros están dedicados exclusivamente al cáliz y el resto al pie de la copa. Su ancho máximo es de 65 milímetros, medida que coincide con el ecuador (parte más ancha del cáliz) y con el diámetro de la base. El ancho o diámetro del pie es de 9 milímetros y el borde superior o boca de la copa 45 milímetros.

Obviamente la copa tipo tulipa debe carecer de inscripciones, sellos o talladuras y debe ser de cristal o vidrio transparente.

Además se pueden considerar tipos de copas universalmente utilizadas en distintas situaciones de consumo social u hogareñas como: la derivada de la tulipa, que posee menor altura que la de tipo tulipa, la copa tallo alto para vinos blancos (tipo Borgoña), la específicamente copa Borgoña para tintos y las copas de menor porte para blancos.

copa jerez marsala.jpg vino x vos

Asimismo se observan en el mercado copas alargadas para vinos especiales tipo Marsala, oporto o jerez, la copa de gran capacidad para brandy o cognac y algunas de formas caprichosas como la que ostenta la forma de un tulipán, también destinada a los vinos tintos.

Finalmente, es muy común encontrar para vinos vasos de dos secciones, donde su pie es utilizado también para albergar el divino jugo proveniente de la uva madura.

 

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